Ciberseguridad
En los últimos días, la plataforma WeTransfer ha estado en el centro del debate digital. Lo que comenzó como un discreto cambio en sus términos de uso terminó desatando desconfianza entre diseñadores y profesionales de todos los sectores, quienes hasta ahora veían en esta herramienta una forma rápida y segura de compartir archivos.
El detonante fue una cláusula ambigua, añadida entre finales de junio y mediados de julio de 2025, que mencionaba que los contenidos subidos podrían usarse “para mejorar el rendimiento de modelos de aprendizaje automático que optimicen nuestro proceso de moderación de contenido”. Aunque WeTransfer aseguró más tarde en declaraciones a la BBC que en ningún caso emplearía esos archivos para entrenar sistemas de inteligencia artificial —y que su único objetivo era identificar contenidos sensibles o ilegales—, la reacción de los usuarios fue rápida y contundente. El revuelo obligó a la compañía a reescribir la cláusula para hacerla “más clara” y subrayar que no se utilizan modelos de IA para procesar los archivos.
Si quieres profundizar más sobre cómo esta situación se ha desarrollado y por qué ha generado tanta preocupación en el ecosistema profesional, puedes seguir leyendo en este artículo de La Vanguardia: ¿Tus archivos están entrenando una IA sin que lo sepas? El caso WeTransfer reabre el debate sobre los límites de la privacidad digital.
“Sí, ven lo que envías. Y ahora también lo procesan”
Para Eli Bernal, CEO de Tranxfer y experta en seguridad digital, lo sucedido con WeTransfer va más allá de una polémica pasajera.
“Sí, es exactamente eso que estás pensando. No solo ven lo que envías —si no lo sabías, lo ven, lo llevan viendo desde el principio—, sino que ahora también lo procesan para entender y entrenar a sus modelos. Quizá aún no sabemos qué harán con ese aprendizaje, pero si tu equipo manda un contrato, una propuesta confidencial o una base de datos, todo eso puede acabar alimentando un algoritmo porque tácitamente aceptaste unos términos mediante un pop-up”, advierte Bernal.
Más allá del lenguaje legal, Bernal apunta a la raíz del problema: la inconsciencia con la que se utilizan algunas herramientas por comodidad.
“La diferencia con las redes sociales es que ahí, al menos, sabemos que lo que subimos será público. Aquí enviamos información corporativa. WeTransfer funciona como canal de transferencia: lo usas para enviar algo privado, no para exhibirlo. Pero cuando algo es gratis, el producto eres tú. Y esa comodidad puede salir muy cara”, explica.
Shadow IT: el riesgo invisible en las empresas
WeTransfer se ha convertido en un estándar no oficial en muchas oficinas: rápido, fácil de usar y sin necesidad de instalación. Pero, como señala Bernal,
“Lo preocupante no es solo que WeTransfer cambie sus condiciones. Lo preocupante es que muchas empresas ni siquiera saben que sus empleados lo están utilizando. Y si no lo sabes, no puedes protegerte”.
Este fenómeno se conoce como Shadow IT, el uso de herramientas no aprobadas por el departamento de sistemas, fuera del radar de la empresa. Sus consecuencias pueden ser graves: desde incumplimientos del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) hasta brechas de seguridad o fugas de información.
Concienciar y ofrecer soluciones, no solo prohibir
Bloquear servicios como WeTransfer sin ofrecer alternativas reales es una receta para el fracaso, según Bernal.
“La solución fácil es prohibir y técnicamente es muy sencillo, pero eso no resuelve nada. Hay que ofrecer alternativas seguras, fáciles y confiables. Nosotros llevamos años trabajando en eso: resolver las transferencias de archivos con terceros, ya sean máquinas, procesos o personas. Y lo hemos conseguido”.
Desde Tranxfer, su plataforma especializada permite a las empresas enviar documentos de forma segura, garantizando el cumplimiento normativo sin renunciar a la usabilidad.
“El reto no es técnico, es humano. Necesitamos concienciar a miles de empleados y ofrecer una solución tan robusta como sencilla. Porque si no es fácil, no lo van a usar. Nuestra industria principal es la bancaria y servicios financieros, pero los riesgos existen en todos los sectores”, afirma Bernal.
Soberanía digital: de ideal a necesidad

El caso WeTransfer debería servir como un punto de inflexión para la gestión de información en las empresas.
“Tenemos que cambiar el chip. Los datos no son documentos sueltos. Son activos estratégicos. Y como tales, deben protegerse igual que protegemos la tesorería, la propiedad intelectual o la reputación de la compañía. ¿De verdad podemos permitir que un tercero, por más grande o popular que sea, tenga acceso a todo eso sin ningún control? La respuesta es clara: no”, concluye Bernal.
Para Bernal, el concepto de soberanía digital debe dejar de ser un ideal abstracto para convertirse en una necesidad práctica:
“Lo que está en juego es el control sobre lo que somos como empresa, sobre lo que pensamos, diseñamos, firmamos y compartimos. La soberanía digital empieza por no regalar nuestros datos, mantener el control y tomar decisiones alineadas con la estrategia y los valores de nuestra organización”.
Qué hacer ahora
Bernal recomienda pasos concretos para las empresas:
- Auditar qué plataformas se están usando realmente.
- Revisar quién tiene acceso a qué y bajo qué condiciones.
- Sustituir herramientas sin garantías por soluciones pensadas para entornos corporativos.
- Acompañar a los equipos en el cambio, priorizando claridad y herramientas confiables.
“No todos entienden de ciberseguridad, pero sí valoran la claridad y las buenas herramientas”, concluye Bernal.




